Revista Científica Orbis Cognita

Año 9 Vol. 9 No. 1  pp. 9-25 ISSN: L2644-3813

enero junio, 2025

Se autoriza la reproducción total o parcial de este artículo, siempre y cuando se cite la fuente completa y su dirección electrónica.

 

Distopía, apocalipsis y posapocalipsis. fundamento y frontera en la literatura de una sociedad ficticia indeseable

Dystopia, apocalypse and post-apocalypse. foundation and border in the literature of an undesirable fictional society

Distopia, apocalipse e pós-apocalipse. fundação e fronteira na literatura de uma sociedade ficcional indesejável

Leopoldo Tillería Aqueveque1 Universidad Bernardo O’Higgins (UBO), Chile

leopoldotilleria@gmail.com https://orcid.org/0000-0001-5630-7552

 

 

Recibido:  13-8-2024                                             Aceptado: 15-10-2024

 

DOI https://doi.org/10.48204/j.orbis.v9n1.a6710

Resumen

El artículo que se presenta se inscribe en el mundo de la filosofía del arte, y tiene como premisa el hecho de que en un territorio cada vez más extenso del quehacer literario, como es la ficción distópica, se constata una diferencia teórico-ontológica entre tres subgéneros que habitualmente se confunden, pasan el uno por el otro o simplemente son entendidos como lo mismo. Tales subgéneros son la distopía, el apocalipsis y el posapocalipsis. Así, el escrito tiene como objetivo determinar en qué medida, estos tres subgéneros, constituirían por sí mismos fundamento y frontera en la narrativa de una sociedad ficticia indeseable. Para ello, se utilizaron como métodos de investigación la hermenéutica filosófica y el estudio de casos. Sintéticamente, los resultados indican que el fundamento literario de una sociedad indeseable adquiere —dicho con cierto aire ficticio— vigor geográfico a partir de la génesis territorial


1 Doctor en Filosofía por la Universidad de Chile. Chileno. Académico e investigador de la Universidad Bernardo O’Higgins (UBO). Líneas de investigación: Estética y Filosofía del Arte, Filosofía de la Tecnología y Ontología Contemporánea. Celular: +56 9 89642905.

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de la confrontación. De ahí que tal geografía resulte ser al mismo tiempo una geografía física, una geografía humana y una geografía simbólica. Mas estos subgéneros también representan una frontera en la literatura de anticipación, una frontera esencialmente ideológica. Es decir, se concluye, el fascismo, el nazismo y el segregacionismo establecerían una doctrina sin la cual los “radicales islámicos”, los “no arios” o los “infra”, por lo menos, desde la perspectiva de la ficción literaria, simplemente dejarían de existir. Si esto es así, las obras examinadas parecen testimoniar la conversión de un Apocalipsis como profecía en un apocalipsis como mutilación.

Palabras clave: apocalipsis, distopía, literatura de ficción, posapocalipsis.

 

 

Abstract

The article presented here is inscribed in the world of the philosophy of art, and its premise is the fact that in an increasingly extensive territory of literary work, such as dystopian fiction, there is a theoretical-ontological difference between three subgenres that are usually confused, pass for each other or are simply understood as the same thing. Such subgenres are dystopia, apocalypse and post-apocalypse. Thus, the aim of the paper is to determine to what extent these three subgenres would constitute by themselves foundation and frontier in the narrative of an undesirable fictional society. For this purpose, philosophical hermeneutics and case studies were used as research methods. Synthetically, the results indicate that the literary foundation of an undesirable society acquires —somewhat fictitiously— geographical vigor from the territorial genesis of the confrontation. Hence, such geography turns out to be at the same time a physical geography, a human geography and a symbolic geography. But these subgenres also represent a frontier in the literature of anticipation, an essentially ideological frontier. That is to say, it is concluded, fascism, Nazism and segregations would establish a doctrine without which the “Islamic radicals”, the “non- Aryans” or the “infra”, at least from the perspective of literary fiction, would simply leave to exist. If this is so, the works examined seem to testify to the conversion of an Apocalypse as prophecy into an apocalypse as mutilation.

Keywords: apocalypse, dystopia, fiction literature, post-apocalypse.

 

 

Resumo

O artigo apresentado insere-se no mundo da filosofia da arte e tem como premissa o fato de que em um território cada vez mais extenso de obra literária, como a ficção distópica, se confirma uma diferença teórico-ontológica entre três subgêneros habitualmente confundidos, passam um pelo outro ou são simplesmente entendidos como iguais. Tais subgêneros são distopia, apocalipse e pós-apocalipse. Assim, o objetivo da escrita é determinar até que ponto esses três subgêneros constituiriam em si o fundamento e a fronteira na narrativa de uma

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sociedade ficcional indesejável. Para isso, utilizou-se a hermenêutica filosófica e o estudo de caso como métodos de pesquisa. Sinteticamente, os resultados indicam que o fundamento literário de uma sociedade indesejável adquire —dito com certo ar ficcional— vigor geográfico a partir da gênese territorial do confronto. Assim, tal geografia acaba por ser ao mesmo tempo uma geografia física, uma geografia humana e uma geografia simbólica. Mas estes subgéneros também representam uma fronteira na literatura de antecipação, uma fronteira essencialmente ideológica. Por outras palavras, conclui-se, o fascismo, o nazismo e o segregacionismo estabeleceriam uma doutrina sem a qual os “radicais islâmicos”, os “não arianos” ou os “infra”, pelo menos na perspetiva da ficção literária, deixariam simplesmente de existir. Se assim for, as obras analisadas parecem testemunhar a conversão de um Apocalipse como profecia num apocalipse como mutilação.

Palavras-chave: apocalipse, distopia, literatura de ficção, pós-apocalipse.

 

 

Introducción

 

Comenzaremos afirmando —seguramente como pie forzado del escrito— que la literatura es un arte, considerando el comentario de Andrade (2013) que asevera que la mímesis expresa cómo la contemplación puede derivar en cualquier expresión artística (pintura, música o literatura), que tendrá su referencia en lo que sirvió de inspiración para obtener un producto final surgido de las diversas habilidades de los narradores, poetas o pintores. No hay, pues, que divagar mucho para concluir de este pasaje que literatura y arte no sólo tendrían una suerte de hermandad técnica, sino al mismo tiempo una de tipo ontológico.

El planteamiento del problema, que se inscribe en el mundo de la filosofía del arte, lo formularemos metodológicamente como pregunta de investigación (Ramírez-Elías & Arbesú-García, 2019). Esta pregunta fundamental sería entonces: ¿Cómo corroborar, en un territorio cada vez más extenso del quehacer literario moderno, cierta diferencia teórico- ontológica entre la distopía, el apocalipsis y el posapocalipsis, como subgéneros que habitualmente se confunden, pasan el uno por el otro o sencillamente son entendidos como lo mismo? De donde nuestra hipótesis sería: La distopía, el apocalipsis y el posapocalipsis,

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como subgéneros de la modernidad, constituyen, por mismos, fundamento y frontera en la literatura de una sociedad ficticia indeseable.

Respecto de la situación actual del problema de investigación, lo primero que debemos consignar es la dificultad para hallar en la literatura estudios comparados de estos tres subgéneros. En la plataforma SCIELO, podemos ver una escasa cantidad de artículos sobre el tema. En relación con algo parecido a un contraste entre dos de los subgéneros escogidos, tenemos los muy buenos estudios de Caleri (2021) y de Báez (2024). Conforme al análisis, discusión literaria o filmográfica o teoría crítica acerca de sólo uno de ellos, encontramos, entre otros, los trabajos de Alvear (2022), Deuer (2012), Fabry (2012), Sotomayor-Botham (2013), Maíz (2014), Caballero (2018), Mercier (2018), Espinoza-Rojas & Méndez-Esquivel

(2015), Ávila (2016), Rosales y Escamilla (2017), Vielma (2019), Krotz (2020) y Zúñiga (2024). Como versión Open Edition Journals, podemos acceder al excelente artículo de Fabry (2012).

En cuanto a los antecedentes teóricos del estudio, la distopía puede asumirse como el antónimo de una utopía (Alvear, 2022), es decir, como un lugar también distante en el futuro, pero indeseable, con la supuesta función opuesta de detener la marcha o incluso retroceder en relación con el camino que llevamos. La distopía entonces es una utopía que ha salido mal, lo que sugiere que el camino que la distopía advierte no seguir es precisamente el camino de una determinada utopía (p. 11). Mercier (2019), señala que “la distopía es un modo temático donde prima la función crítica al interior de una forma literaria propia, la cual representa los límites de la racionalidad humana por medio de procedimientos textuales esencialmente irónicos y oximorónicos” (pp. 116-117).

 

 

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Pues bien, para entender el subgénero apocalíptico seguiremos, primero, a Fabry (2012), quien sostiene que en el apocalipsis habría textos provistos de una referencia al mito apocalíptico que sólo conservan como una parte irreductible un mito truncado, el de una catástrofe de gran magnitud. Dicha catástrofe, amén de coincidir con muchas de las mitologías indoamericanas y de la experiencia de la Conquista como trauma colectivo, se concibe como apocalipsis por el salto radical que impone. Así, la sistematización de la traducción alegórica de los símbolos en un plano ideológico unívoco empobrece drásticamente el simbolismo bíblico hasta destruirlo. Nueva York es la nueva “Babilonia” azotada por un justo castigo (Fabry, 2012, p. 7).

Para Maíz (2014), en cambio, resulta enteramente válida la pregunta que se hace Jacques Derrida (1994) sobre el Apocalipsis: ¿En qué rasgos fiarse para analizar, en qué señalización que no sea estilística, ni retórica, ni evidentemente temática o semántica? Lo que está en juego parece ser el anuncio de que el fin comienza, he ahí el “tono”. Ante todo, se desentiende de lo existente, puesto que está predestinado a la desaparición. Su fuerza seductora se orienta hacia lo novedoso, hacia lo que por encima de la irreversible condena de lo ya existente se eleva lo renovado, lo que no viene enfermo por el veneno de lo obsoleto o agotado. (Maíz, 2014, p. 75)

A su vez, Caleri (2021) advierte que los relatos postapocalípticos indagan sobre la carencia. Por ejemplo, la falta de agua, la escasez de alimentos y las dificultades para encontrar refugio son temas recurrentes en estas ficciones. Estos imaginarios del desamparo, siguiendo a nuestro autor, expresarían los miedos e inseguridades vinculados a la fragilidad de nuestro tiempo y a la eventualidad de perder lo que disfrutamos en abundancia. La destrucción figurada de la humanidad parece un alivio, una manera de recuperar el control sobre una

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realidad que nos había sido impuesta o una revancha que nos permite salir de nuestra pasividad.

Por último, ¿cómo se justifica nuestra investigación? Para responder a esto, consideraremos lo expuesto por Hernández et al. (2014), quienes nombran cinco criterios que satisfacen la justificación de un estudio (si bien no necesariamente debieran estar todos presentes): conveniencia, relevancia social, implicaciones prácticas, valor teórico y utilidad metodológica. Creemos que la investigación es conveniente, pues sirve para aportar a la literatura y a la filosofía del arte una matriz básica que permita una diferenciación teórico- ontológica entre distopía, apocalipsis y posapocalipsis. También, satisface el criterio de valor teórico, puesto que los resultados obtenidos pueden servir para revisar, desarrollar o apoyar una teoría comparada entre estos tres subgéneros literarios.

Materiales y Métodos

 

Como esta investigación se realiza desde la filosofía del arte, cruzamos dos enfoques que en nuestra opinión satisfacen las condiciones metodológicas del estudio. El primero, la hermenéutica filosófica, nos permite “llegar a comprender la aceptación de realidades múltiples y el carácter intersubjetivo de lo metodológico” (Ruedas et al., 2009, pp. 186-187). Además, entiende al lenguaje como una realidad cargada con un significado ontológico, puesto que el ser acontece en el lenguaje como verdad, como desvelamiento de sentido que no es esencialmente distinto a las diferentes representaciones finitas en las que accede a la subjetividad humana. (Maza, 2005, p. 135)

El segundo método utilizado fue el estudio de casos, el que se administró seleccionando una

     obra literaria como caso de intensidad por cada subgénero explicado (Martínez-Salgado,

 

 

 

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2012). La selección de cada caso se realizó por medio del muestreo teórico (Martín-Crespo y Salamanca, 2007).

Resultados

 

1.1. Mundos Distópicos

 

En el caso de la distopía, analizaremos la novela París 2041, de Ezequiel Szafir, la que, a ojos vistos, da indicios de una verdadera desarticulación del cosmos de Francia y, paradójicamente, de una Europa de diseño futurístico.

El oxímoron por de pronto es histórico: es el símbolo mutado de una ciudad por esencia libertaria, convertida en el 2041, luego de una guerra victoriosa contra Inglaterra, en una dictadura de corte fascista a la “vieja Roma” o a la Mussolini. El primer hallazgo sería entonces el del Gallus2 silente. El asunto es que París 2041 narra un intento de revuelta contra una dictadura francesa (aliada de Italia y de Grecia, y de los opositores españoles que peleaban por la Unión de los Estados Ibéricos bajo una única bandera nacionalista) aferrada física y electrónicamente al poder, tras las violentas revueltas callejeras de musulmanes radicales ocurridas entre el 2005 y el 2029, y cuyo motivo podemos adivinar: la guerra por el multiculturalismo. De hecho, la oposición “activa” estaba conformada por la Resistencia y por el Comando Judío, ambos con sus “sofisticados”, “compartimentados” y “selectivos” métodos.

Como de un zarpazo, somos devueltos al 2041 e incrustados en la fila de acceso a la Zona Libre, una suerte de nuevo París, uno de libre tránsito, aunque severamente controlado. Técnicamente es un gueto, para quienes se sienten finalmente derrotados y prefieren vivir en

 


                                                             

2 Gallo y galo, al mismo tiempo.

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casas sin internet y comprar, del modo que fuese, en tiendas ancladas al pasado. Pero en frente nuestro está la carne y el hueso del régimen; los soldados que montan guardia y verifican el acceso —sin punto de retorno— a la Zona Libre:

Al igual que todos los miembros de las tropas de élite, [los dos guardias] llevaban el símbolo del Partido tatuado donde termina el dedo pulgar de la mano derecha. El mismo símbolo estaba también impreso en la banda que revestía su brazo derecho, al estilo de los nazis, sólo que la esvástica había sido reemplazada por las letras «FL», del partido Francia Libre, que gobernaba el país desde hacía más de diez años. (Szafir, 2015, pp. 30-31)

¿Qué ironía nos sugiere este relato? ¿Cuál sería nuestro segundo hallazgo? Algo bastante obvio: ni la zona de contacto es libre ni el Partido representa una Francia libre, aunque gobernaba hacía diez años la autoproclamada Sexta República Francesa. ¿Cómo? Entre otras medidas, cambiando los nombres de todas las calles que hicieran referencia a una Francia democrática y multicultural. Como los romanos, ahora los franceses estaban empeñados en borrar a gente de la historia y reescribirlos con unas extravagantes o elegantes (eso dependía del lado del que se viese) letras góticas.

Y aquí un pasaje de uno de los discursos del comandante de la Francia Libre, el que bien podría leerse como nuestro tercer hallazgo, como la utopía que desencadenó esta sociedad indeseable de estilo gótico y romano:

Pero la clave de toda esta trampa residía en que los poderosos no eran tantos ni tan diferentes como nos hicieron pensar. […] En realidad, eran todos partes de un mismo cuerpo y alma, que se turnaban para hacernos bailar su música, de izquierda, de

 

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centro, o derecha. Los Sarkozy, los Hollande y las Le Pen. Todos eran payasos, mentirosos, esclavos de Merkel y sus secuaces. (Szafir, 2015, p. 103)

El asesinato del comandante con una bomba accionada a distancia por el grupo de élite de la Resistencia —entre quienes destaca Farida, una musulmana con Burka negro y que parece la Femme Nikita transportada al 2041—, ocurrió el día perfecto para el festejo del décimo aniversario de la Última Revolución Francesa. Una especie de guiño a un posible Renacimiento de la vieja utopía.

1.2. Mundos Apocalípticos

 

En relación con el subgénero apocalíptico, revisaremos algunos pasajes de la novela de John Boyne, El niño con el pijama de rayas, de 2007. Lo novedoso de la obra es que los acontecimientos, ocurridos en el campo de Auchviz, son vistos desde la perspectiva de un niño alemán, Bruno, de nueve años, quien, junto a su padre, el oficial nazi a cargo del campo de exterminio, su hermana Gretel y su madre, acaban de llegar de Berlín.

El primer hallazgo del que podemos dar fe, siguiendo a Fabry (2012), es que la novela efectivamente hace, por así decir, un cambio de eje en la naturaleza del mito apocalíptico. Ya no se trata de la profecía del Apocalipsis como la conocemos, sino que se ha convertido en un apocalipsis truncado, aunque para los sobrevivientes del campo y para el resto de Europa y del mundo se ha metamorfoseado en la frontera entre la religión-ideología nacionalsocialista y una catástrofe de gran magnitud:

—Perdona el retraso […]. Estaba hablando con María […]. Me estaba hablando de Pavel, el hombre que nos corta las hortalizas y nos sirve la cena. Me parece que vive en tu lado de la alambrada.

 

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—Me parece que no sabes cuánta gente vive en este lado de la alambrada. Hay miles de personas. […] La mayoría de los que estamos aquí somos polacos. Aunque también hay algunos de otros sitios, como Checoslovaquia […]. A los soldados no les gusta que la gente se cure —comentó Shmuel mientras tragaba el último trozo de pan—. Normalmente funciona al revés. (Boyne, 2007, pp. 138-140)

Pues bien, no podemos pasar por alto el trasfondo ideológico, por elegir uno de los varios adjetivos disponibles, que hay tras el apocalipsis de Auchviz. El nazismo fue precisamente eso, un experimento clínicamente agresivo de acabar con la gran Bestia que significó la derrota y la humillación alemana luego de su derrota en la Primera Guerra Mundial. Recordemos que, en su origen, el Partido Nazi nace con un afán ocultista y casi mitológico, haciendo un recorrido por la “religión del universo” y deteniéndose, casi por razones de destino, en el totalitarismo político y militar. Esto fundamentado, primero, en la idea de expansionismo que Rudolf Hess incorporó al círculo de Hitler, y, segundo, en el programa de selección y experimentación con seres humanos de Josef Mengele, y al que fueron sometidos sistemáticamente prisioneros judíos, gitanos, homosexuales y Testigos de Jehová, entre otros grupos no arios (Hinchcliffe, 2018). He ahí el verdadero síndrome de la gran catástrofe: un apocalipsis de un intenso color negro adornado con una vistosa esvástica gamada.

Un segundo hallazgo se basa en el comentario de Derrida (1994) traído a colación por Maíz (2014). En efecto, la narración de Boyne nos atrapa, justo en el clímax de la novela, más que con recursos estilísticos o retóricos, en algo así como un vórtice semántico-dramático, que se abre como tonalidad apocalíptica en el capítulo 19. Cito:

 

 

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Volvieron a sonar los silbatos y el grupo, formado por cerca de un centenar de personas, empezó a avanzar despacio […]. Se oía un poco de alboroto hacia el fondo, donde algunas personas parecían reacias a desfilar, pero Bruno era demasiado bajito para ver qué pasaba y lo único que oyó fueron unos fuertes ruidos que parecían disparos, aunque no lo sabía con certeza. […] Es posible que Shmuel abriera la boca para contestar, pero Bruno nunca oyó lo que dijo porque en aquel momento hubo una fuerte exclamación de asombro de todas las personas del pijama de rayas que habían entrado allí, y al mismo tiempo la puerta se cerró con un resonante sonido metálico (Boyne, 2007, pp. 210-213).

Precisamente, la presencia de ambos niños en la fila de los judíos que caminaban hacia la muerte, funciona como una especie de quiebre en la mente de Bruno, para quien el mundo de juegos que esperaba ver en su visita a la “cabaña” de Shmuel, se convirtió en el descubrimiento de un posible entierro en vida, agigantándose en su cabeza como “un apocalipsis con apocalipsis”, a contramano de lo que plantea Derrida (1994) cuando dice que existe la posibilidad de que nos encontremos, en realidades como esta, con “un apocalipsis sin apocalipsis” (como se cita en Maíz, 2014, p. 75).

Un tercer hallazgo viene dado por algunas líneas que sugiere el mismo Maíz (2014), y que funcionan como frontera de la “teoría” apocalíptica que se deja ver en la novela de Boyne. Si la muerte de Bruno y de Shmuel en la cámara de gas de Auschwitz representa la realidad de la maquinaria de la muerte del nazismo, las preguntas correctas deberían ser entonces abiertamente metafísicas: ¿Por qué ocurrió el Holocausto?, o ¿Cuál fue el veneno de lo obsoleto o agotado que hizo transformar a Hitler y su círculo cercano en los jinetes del Apocalipsis?

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El afán de responder a estas interrogantes ha hecho que se escriban miles de páginas con las más variadas teorías. Una de las más interesantes parece ser la tesis del apocalipsis cósmico, relatada por el asesor de Hitler, Heinrich Himmler, quien creía en la profecía de que una catástrofe cósmica había alguna vez sacudido al cielo y enviado a la Tierra a parar cerca de alguna estrella remota. En el evento, y producto del choque directo de los sobrevivientes con otros seres estelares:

[…] no todos a quienes los extraterrestres encontraron eran iguales entre sí; dado que habitaban lugares distintos, eran, dependiendo de la calidad geográfica de esos lugares, unos mejores que otros: más inteligentes y fuertes. El desarrollo de la humanidad hacia su realización plena iría mostrando de qué modo estas diferencias cualitativas se reafirmarían en las respectivas descendencias. [Tales] diferencias serían evidentes en aspectos fenotípicos que correspondían a lo que Himmler llamó “tipos raciales” […]. Con el tiempo los diferentes tipos raciales tenderían a ser suprimidos a favor de la homogeneidad y, por consiguiente, a favor de la mejor entre las razas. (Uribe, 2013, p. 78)

El cierre de la novela de Boyne y la especulación profético-celestial de Himmler, parecen confirmar la génesis de la idea fundacional del nazismo a partir de una mitología racial disfrazada de mentira ideológica.

1.3. Mundos Postapocalípticos

 

El tercer caso es la novela de anticipación científica Las torres del olvido (2007), del escritor australiano George Turner. Observamos acá dos hallazgos que harían sentido con la noción de literatura postapocalíptico de Caleri (2021). En primer lugar, y esto sobrepasa los límites de todo concepto, el apocalipsis ya ha ocurrido. Turner reconstruye —basado en la mirada

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de una joven historiadora interesada en los antiguos habitantes de las torres del olvido— cuál fue la guerra que se dio después de la hecatombe y cuáles fueron los bandos enfrentados.

En la historia, situada entre los años 2040 y 2060, los infra y los supra combaten por su supervivencia luego del apocalipsis climático que hizo zum en Melbourne. Separados por una valla gigantesca —similar al punto de control para acceder a la Zona Libre que conocimos en París 2041—, los supra representan a los favorecidos por el cambio climático, con un estándar de vida aún suficiente y el acceso a modelos de viviendas aún seguras, si bien nada de confortables. Al revés de los infra, dan la impresión de vivir más cercanos a la normalidad: “Lo real era nuestra vida, segura frente al destino. Teníamos nuestra propia casa de cuatro habitaciones en nuestro propio bloque estándar, con una franja de dos metros de césped delante […] y una participación en la antena comunitaria”. (Turner, 2007, p. 42)

Del otro lado, los infra vivían sobre los últimos vestigios de la calamidad climática y monetaria. Prácticamente sumergidos en las aguas de la bahía, carecían de trabajo, de un sistema educacional eficiente y, lo que resultaba geográficamente decisivo, habitaban unas gigantescas torres donde se hacinaban miles de seres humanos al borde de las epidemias y del canibalismo. La carencia sobre todo era la de un sistema de vida que les garantizara a los infra precisamente eso, sobrevivir después del colapso:

Los diversos Enclaves de los infra eran fácilmente visibles, torvos bloques cuya inquietante altura dominaba todo lo demás, diez grupos de monolitos estrechamente agrupados que husmeaban el cielo con sus hocicos romos. Nunca me pregunté entonces cómo el noventa por ciento de los diez millones de habitantes de la ciudad podían comprimirse en la décima parte de su superficie. (Turner, 2007, pp. 43-44)

 

 

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Sin embargo, los infra también carecían de un Estado policial que preservara su seguridad. En una Australia semihundida, el Estado tenía un gran Ejército inútil. El jefe de torre Billy Kovacs: “Para que sirva de algo, una parte del Ejército es enviada a los campamentos de instrucción en los Enclaves, donde los militares pueden pisar fuerte si hay disturbios y ahorrar al Estado los sueldos de la pasma” (Turner, 2007, p. 70).

Entonces la pregunta es: ¿cuál era la noción de revancha que podía alimentar la mentalidad de los infra, y sobre qué idea de realidad que les haya sido impuesta? La respuesta, de difícil digestión, era impracticable desde el punto de vista de una guerra regular o tecnológica o de operaciones de inteligencia a distintas escalas (ataques terroristas incluidos). La metafísica de la revancha se revela en una sola línea del texto, casi sobre el final de la novela. Ahí, Nola Parkes, la historiadora del grupo, reflexiona: “A largo plazo, los infra serán el mundo, no nosotros, los supra” (Turner, 2007, p. 427).

¿Qué quiere decir la protagonista con estas palabras? Que, de repente, como miles de hormigas saliendo de un agujero y sin que nadie se dé cuenta, los infra llegarán a tomar el control de lo que quede de civilización. Ellos serán los únicos sobrevivientes:

Defenderemos juntos la plaza hasta donde nos sea posible y sucumbiremos con ella, pero los infra sobrevivirán. Han adquirido la preparación adecuada a lo largo de toda su vida, día tras día, aprendiendo a hacer más con menos. […] En términos evolucionistas, por exceder en inteligencia. (Turner, 2007, pp. 454-455)

Y un segundo hallazgo: la novelada recuperación del control por parte de los infra de una realidad que ya dominaban por completo. Por lo mismo, un dominio tal que haría bastante

 

 

 

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discutible hablar de una verdadera revancha o, menos aún, de una destrucción figurada de la realidad.

Conclusiones

 

Nuestra hipótesis se enfrenta, si lo miramos prolijamente, a dos tipos de verdad: la contada por los protagonistas de cada novela —una cierta verdad empírica—, y la descubierta por el investigador en su recepción hermenéutica —una cierta verdad revelada—. Sería, pues, esta verdad completa, algo así como una verdad indisputada. Que la distopía, el apocalipsis y el posapocalipsis, como subgéneros de la modernidad, constituyan por sí mismos fundamento y frontera en la literatura de una sociedad ficticia indeseable, parece un hecho constatado por la propia mirada fenomenológica sobre las historias contadas, por los órganos mismos de la verdad (Oyarzún, 1996).

La ficción de un mundo indeseable, es decir, de lo posible catastrófico, de lo posible calamitoso, de lo posible desastroso, ha reconocido en la expresión de estos tres subgéneros, por una parte, un fundamento que no dudamos en considerar geográfico, y, por otra, una frontera cuyo sentido último tampoco dudamos en llamar ideológico.

De este modo, vemos que el fundamento literario de una sociedad indeseable adquiere — dicho con un aire ficticio— vigor geográfico a partir de la génesis territorial de la confrontación. París, Auchviz y Melbourne representan aquí la idea de una geografía física indispensable para dar verosimilitud a un relato que se pretende apocalíptico. Sin embargo, también se requiere de una suerte de purga que haga pensable esta sensación de acabamiento o de supervivencia. Desatado el apartheid, estas razas o facciones en guerra —o víctimas o perpetradores del Holocausto— corresponderían a la idea de una geografía humana del fundamento. Pero hay algo más, y es lo que designaremos con el concepto de geografía

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simbólica, esto es, aquel orden de lo estético que como tonalidad de un imaginario indeseado hace todavía más verdadera la ficción: el Gallus silente, los uniformes y esvásticas gamadas del Ejército nazi, y las ruinosas y gigantescas torres de Melbourne.

Más, estos subgéneros son también una frontera en la literatura distópica, una frontera esencialmente ideológica. Porque, para el caso, el fascismo, el nazismo y el segregacionismo establecen una doctrina sin la cual los “radicales islámicos”, los “no arios” y los “infra”, al menos desde la perspectiva de la ficción literaria, simplemente dejarían de existir. Así, tales ideologías traducirían una amalgama bastante oscura entre mito, religión y política. En otras palabras, testimoniarían la conversión de un Apocalipsis como profecía en un apocalipsis como mutilación.

Referencias

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