Este artículo explora la función de los etnotestimonios multilingües, creados por las propias comunidades, como herramientas de registro cultural y como estrategias pedagógicas enfocadas en la enseñanza de la preservación de los manglares. A partir de ocho culturas marineras, incluyendo wayuu, maya yucateco, maya mopán, maya q'eqchi', garífuna, miskitu, ulwa, birmano, bahasa y criollo beliceño, analizo una serie de introducciones reflexivas a libros de texto sobre conservación, escritas en lenguas indígenas y traducidas al inglés o al español. Estos etnotestimonios revelan cómo la lengua, el lugar y el conocimiento ecológico se entrelazan en las experiencias de las comunidades costeras, y cómo estas conexiones pueden fundamentar una educación para la conservación más inclusiva y eficaz. Propongo que estos etnotestimonios no son solo vehículos de memoria e identidad, sino también instrumentos para hibridar los sistemas de conocimiento ecológico y para poner en práctica la educación científica descolonial. Este trabajo refuerza los marcos teóricos previamente establecidos por el autor primero sobre el Modelo de Etnotraducción y la Hipótesis de la Hibridación de los Sistemas de Conocimiento Ecológico. De igual manera, contribuyó a un proyecto de maestría en lengua maya, donde se halló que enseñar en la lengua materna, adaptándose a la cultura local, mejora positivamente la adquisición de conocimientos científicos y la identidad de los estudiantes.