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Este ensayo tiene como principal objetivo poner de relieve cómo Esa esquina del paraíso (1986), de la panameña Rosa María Britton (1936-2019), manifiesta el proceso pedagógico a través del cual las niñas en su seno familiar aprenden a interpretarse a sí mismas y destaca cómo las implicaciones de la episteme desde la cual leen e interpretan sus cuerpos tienen consecuencias en sus proyectos de vida. Esto en virtud de que en el texto se plantea la relación entre Rosa, una mujer “de pelo negro y piel oscura” que cria sola a sus hijas Eugenia y Clotilde en el contexto panameño de 1957 a 1977. Rosa inculca en sus hijas una episteme aprendida, una manera de interpretar a los otros, de interpretar los cuerpos de los demás y el suyo propio. De sus hijas, Eugenia es la rubia y blanca de la familia, mientras que Clotilde comparte los rasgos del cabello y tez de su madre. Ambas hijas han interiorizado la interpretación de los cuerpos blancos como modélicos y paradigmáticos de lo humano, así como a los cuerpos negros como los “peores” y “salvajes”, alejados del paradigma de lo humano. Interpretación que tiene consecuencias importantes en la vida de cada una, pues a Eugenia se le ha enseñado que debe mejorar la raza y rechazar toda relación o matrimonio que haga a la familia retroceder o saltar para atrás. Mientras que a Clotilde se la ve justamente como el atraso. Ambas personajes han aprendido a leer en sus cuerpos una serie de signos que les restan humanidad y que por lo tanto requieren de asociarse o mezclarse con otros cuerpos, específicamente blancos, que les permitan alcanzar un estatuto de lo humano.