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La psoriasis es una dermatosis crónica no contagiosa, caracterizada por lesiones cutáneas eritematoescamosas bien definidas, que se localizan principalmente en cuero cabelludo, codos, rodillas, región sacra, superficie de extensión de extremidades, pudiendo afectar amplias zonas de la superficie cutánea y, excepcionalmente, al rostro. También puede afectar a las uñas y a las articulaciones. La psoriasis es una proliferación no tumoral, de queratinocitos genéticamente predispuestos producida por: agentes físicos (trauma, cambios ambientales, calor), químicos (tóxicos, medicamentos), infecciones, reacciones alérgicas y reacciones neuropsíquicas. Según la edad de presentación, la evolución clínica y los antecedentes genéticos, se clasifica en: psoriasis tipo I y tipo 11, y se observan diversas formas clínicas. El diagnóstico se hace por clínica, raspado metódico y se confirma por biopsia. Con un tratamiento adaptado a cada caso y a cada momento evolutivo del mismo se consiguen remisiones importantes aunque de duración difícil de predecir.