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La enseñanza del inglés en Panamá se enfrenta a diversos retos y requiere mejoras urgentes. Aunque los avances en neurociencia ofrecen una solución fiable con una amplia gama de herramientas para transformar la enseñanza del inglés, muchos docentes siguen incorporando “neuromitos” a sus clases, a menudo sin siquiera darse cuenta. Este artículo analiza críticamente estos conceptos erróneos y presenta una guía basada en la evidencia y fundamentada en la neuroplasticidad, la memoria y la atención. Tras analizar 23 estudios seleccionados mediante motores de búsqueda académica, de acuerdo con las directrices PRISMA, esta revisión identifica brechas críticas entre la investigación y la práctica. Los resultados muestran que más del 60 % de los docentes apoyan conceptos de enseñanza sin base empírica, a pesar de que existen pruebas fiables que respaldan la integración multisensorial. Los datos empíricos respaldan las prácticas de recuperación, la repetición espaciada y una carga cognitiva controlada, en lugar de continuar con la práctica masiva tradicional. Adicional a esto, la seguridad psicológica reduce significativamente el “filtro afectivo” (barrera psicológica generada por sentimientos aprensivos como la ansiedad, el miedo o la baja autoestima que impiden el procesamiento del input comprensible por los mecanismos de adquisición del lenguaje), mejorando la función del hipocampo y la retención. Por lo tanto, la evidencia demuestra que la transición hacia la enseñanza del inglés basada en la neurociencia exige más que simples talleres; requiere una base neurocientífica sólida y apoyo institucional. Por lo cual, la planificación de las clases debe priorizar la profundización del conocimiento sobre la cantidad, alineándose con
los sistemas de consolidación y reconsolidación basados en los ciclos de memoria del cerebro. Si bien la neurociencia no es una panacea, la integración de estos principios fomenta la neuroplasticidad y reduce la ansiedad. Panamá tiene la oportunidad de convertirse en líder en la transformación de las prácticas docentes en esta región si las partes interesadas colaboran en investigaciones específicas de este campo. Si logramos comprender cómo funciona nuestro cerebro, podremos diseñar experiencias de aprendizaje que beneficien verdaderamente a los estudiantes, ya que comprenderemos cómo aprenden realmente.