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En esta comunicación analizamos un tema fundamental en Derecho de contratos, por la necesidad práctica de “proteger” la intención común de las partes contratantes, esto es, su voluntad real plasmada en el acto jurídico que es objeto de litigio, que, en ocasiones, adolece de ambigüedades o falta de claridad en su redacción.Examinamos cuál es el alcance de la labor intelectual del juez civil para desentrañar la versatilidad expresiva de las cláusulas de un contrato, esto es, el significado de las enunciaciones o palabras empleadas por los contratantes cuando se presentan cláusulas oscuras o confusas que impiden su comprensión.Así pues, son las reglas establecidas en el Código civil panameño, denominadas reglas de hermeneútica contractual la única vía adecuada para solucionar este problema. De otro lado, dentro de esta labor de interpretación, compleja, minuciosa y sesuda, que ejerce el juzgador, reflexionamos sobre los desafíos éticos y jurídicos que impone el advenimiento de la inteligencia artificial (IA), por la tentación del juzgador o incluso, de quienes en su rol de asistente del juez o magistrado, coadyuvan a proyectar las sentencias, intenten utilizar herramientas tecnológicas impulsadas por IA para automatizar esta tarea indelegable, pudiendo generar errores que vulneren los intereses y derechos subjetivos de las partes. La labor del juzgador, en la interpretación de los contratos, es un quehacer humano, resultado de su preparación académica, cultura y experiencia al fijar su prudente arbitrio judicial en la sentencia en atención a los hechos del caso, el contenido del contrato que examina y las pruebas aportadas por las partes en el proceso.